El comportamiento de un gato puede desconcertarnos.
Hace pis fuera de la bandeja. Araña el sofá. Marca. Se esconde. Maúlla más de lo habitual. Se muestra nervioso. Se vuelve más irritable. De repente deja de hacer algo que hacía normalmente.
Nuestra primera reacción puede ser pensar: “¿Qué le pasa?” o incluso “¿Cómo consigo que deje de hacerlo?”
Pero antes de intentar corregir una conducta, hay una pregunta mucho más importante:
¿Por qué lo está haciendo?
Los gatos no hacen las cosas para fastidiarnos ni para castigarnos. Su comportamiento es una forma de relacionarse con el entorno y, muchas veces, de expresar cómo se encuentran o qué necesitan.
Por eso, una conducta que para nosotros es un problema puede estar siendo para él una respuesta a algo que está ocurriendo.
1. Cuando hace pis fuera de la bandeja
Probablemente sea uno de los comportamientos que más preocupa cuando aparece en casa. Pero hacer pis fuera de la bandeja no significa automáticamente que el gato esté “marcando” ni que se esté portando mal.
Puede haber muchas razones detrás: un problema con la propia bandeja, el tipo de arena, su ubicación, cambios en el entorno, estrés, conflictos con otros animales o incluso un problema de salud.
Por eso, ante una eliminación inadecuada que aparece de repente, lo primero es descartar una causa médica con el veterinario. Después podremos analizar el entorno y las circunstancias en las que ocurre.
¿Qué podemos observar?
- ¿Es siempre en el mismo lugar?
- ¿Utiliza la bandeja para hacer caca pero no para orinar?
- ¿Ha cambiado recientemente el tipo de arena?
- ¿Se ha movido la bandeja?
- ¿Hay otro gato que pueda bloquear el acceso?
- ¿Ha habido cambios en casa?
- ¿Está orinando pequeñas cantidades en distintos lugares?
Cada respuesta nos da una pista diferente.
No se trata de limpiar el pis y esperar que desaparezca. Se trata de averiguar qué lo está provocando.
2. Marcaje: cuando dejar una señal forma parte de su comunicación
El marcaje no es exactamente lo mismo que hacer pis fuera de la bandeja. En el marcaje urinario, el gato suele depositar pequeñas cantidades de orina en determinados lugares, con frecuencia sobre superficies verticales, aunque el contexto puede variar.
Es una forma de comunicación territorial. Y puede aparecer o aumentar ante situaciones como la presencia de otros gatos, cambios en el entorno o determinadas situaciones de estrés.
Por eso, si aparece marcaje, eliminar únicamente el olor no siempre resuelve el problema.
La castración: mejor prevenir que corregir:
Si nuestro gato no va a utilizarse para reproducción, la castración es una de las medidas más importantes para prevenir el marcaje relacionado con las hormonas sexuales. Lo ideal es hablar con el veterinario para realizarla antes de que alcance la madurez sexual y empiece a desarrollar esta conducta.
¿Por qué es importante hacerlo antes? Porque una vez que el marcaje se establece y se convierte en un hábito, la castración puede reducirlo considerablemente, pero no siempre consigue eliminarlo por completo. En esos casos pueden seguir influyendo el estrés, la inseguridad, otros gatos o el propio aprendizaje de la conducta.
Prevenir el marcaje es mucho más fácil que intentar deshacer después una conducta que ya se ha convertido en parte de sus rutinas.
En gatos gatos adultos castrados en los que aparece el marcaje de repente.. Tenemos que preguntarnos: ¿Qué ha cambiado en su entorno?
3. Cuando araña donde no debería
El sofá. La cortina. La esquina del mueble. La alfombra…
Y nosotros pensamos: “¡Pero si tiene un rascador!”
El problema es que para el gato rascar no es simplemente una forma de afilarse las uñas. También puede formar parte de su comportamiento territorial y de su comunicación.
Por eso, si queremos redirigirlo hacia otro lugar, no basta con colocar un rascador en cualquier esquina. Tenemos que pensar como él.
¿Dónde suele rascar? ¿Es una zona de paso? ¿Está cerca de su lugar de descanso? ¿Es un punto importante dentro de su territorio?
El rascador tiene que servirle de verdad
No basta con tener un rascador en casa. Tiene que responder a la forma en la que nuestro gato quiere rascar.
Un rascador vertical debería permitirle estirarse completamente mientras rasca, por lo que la altura debe ser suficiente para el tamaño del gato. También es importante que el poste tenga una estructura y un diámetro adecuados para que pueda agarrarlo y ejercer fuerza cómodamente.
Y hay algo que a menudo pasamos por alto: la estabilidad. Si el rascador se mueve, se tambalea o incluso puede volcar cuando el gato se apoya con fuerza, puede dejar de utilizarlo. Para él, un elemento que se mueve inesperadamente mientras realiza una conducta natural no resulta seguro.
Por eso, más que buscar simplemente “un rascador”, deberíamos buscar un rascador adecuado, resistente y estable, adaptado al tamaño y a las preferencias de nuestro gato.
La ubicación también importa. A veces, colocar el rascador exactamente donde el gato ya quiere rascar es mucho más efectivo que esconderlo donde nos parece que queda mejor.
4. Cuando un gato se esconde demasiado
Es fácil interpretar que un gato que pasa mucho tiempo escondido simplemente es tímido.
Pero también puede estar intentando reducir los estímulos que recibe porque algo le genera inseguridad. Una visita. Un ruido. Otro animal. Una mudanza. Un cambio de muebles. Una situación que nosotros consideramos insignificante.
Su escondite puede ser una herramienta para sentirse seguro. Por eso, si nuestro gato necesita retirarse, no deberíamos sacarlo continuamente de su refugio para obligarlo a relacionarse.
Tener un lugar donde desaparecer también es una forma de tener control sobre su entorno.
5. Cuando empieza a maullar más
Los gatos utilizan la comunicación vocal con nosotros de muchas maneras. Un aumento repentino de las vocalizaciones puede tener diferentes causas: búsqueda de atención, frustración, cambios ambientales, necesidades concretas, celo en animales no esterilizados o incluso problemas de salud.
Por eso, lo importante no es simplemente conseguir que deje de maullar. Es preguntarnos: ¿Qué ha cambiado?
Un gato que empieza a vocalizar de forma diferente merece que observemos el contexto y, especialmente si el cambio es repentino o intenso, que valoremos también una posible causa física.
6. Cuando parece más agresivo
Aquí hay que tener muchísimo cuidado con la palabra agresividad.
Un gato puede bufar, gruñir, lanzar un manotazo o incluso morder cuando se siente amenazado, frustrado, dolorido o sin posibilidad de escapar. Y eso no significa necesariamente que sea un gato “agresivo”. A veces simplemente está diciendo: “Esto es demasiado para mí.”
Castigar un comportamiento defensivo puede aumentar todavía más el miedo y empeorar la situación.
Necesitamos identificar qué ocurre justo antes de la reacción. ¿Qué estaba haciendo alguien? ¿Había otro animal? ¿Se estaba manipulando al gato? ¿Había ruido? ¿Intentaba escapar?
Encontrar el desencadenante es mucho más útil que castigar la respuesta.
7. Cuando deja de hacer algo que hacía normalmente
Este punto es muy importante. Los cambios de comportamiento también pueden ser una señal.
Un gato que deja de jugar, se esconde más, cambia sus rutinas, come diferente, utiliza menos determinados espacios o deja de buscar interacción puede estar expresando que algo no va bien.
No deberíamos asumir automáticamente que “se ha vuelto más tranquilo”. Especialmente cuando el cambio es repentino, hay que considerar también la posibilidad de dolor o enfermedad y consultar con un veterinario.
El comportamiento puede ser una de las primeras pistas de que algo está pasando.
8. Cuando parece que está “celoso”
Esta es una interpretación muy humana. Llega un bebé. Otro animal. Una nueva pareja. Un nuevo miembro de la familia… Y pensamos: “Mi gato está celoso.”
Pero detrás de esa conducta puede haber algo mucho más sencillo: su entorno ha cambiado. Han cambiado los olores. Los sonidos. Las rutinas. La disponibilidad de determinadas personas. El acceso a ciertos espacios.
En lugar de atribuirle una emoción propiamente humana , podemos observar qué ha cambiado en su territorio y qué podemos hacer para que siga teniendo lugares seguros y recursos disponibles.
9. Cuando no quiere compartir
En casas con varios gatos, es fácil pensar que si viven juntos deberían compartirlo todo. Pero no necesariamente.
Comida. Agua. Bandejas. Zonas de descanso. Rutas. Espacios elevados… Cada gato puede tener sus propias preferencias y necesidades.
Un conflicto aparentemente inexplicable puede aparecer porque uno de ellos está bloqueando el acceso a un recurso importante.
Por eso, distribuir los recursos y ofrecer alternativas puede ser una de las mejores herramientas para prevenir conflictos.
10. Cuando cambia algo en casa
Para nosotros puede ser simplemente: “Vamos a cambiar el sofá.” Para nuestro gato puede significar: “Ha desaparecido uno de mis lugares habituales.”
Cambiar muebles, pintar, hacer obras, introducir nuevos objetos o modificar una habitación altera información que el gato conoce.
No significa que nunca podamos cambiar nada. Significa que debemos tener en cuenta que nuestros cambios también forman parte de su experiencia del territorio.
Cuando sea posible, podemos hacer las modificaciones progresivamente y conservar algunos elementos familiares.
Entonces, ¿que hacemos cuando aparece una conducta que nos preocupa?
Antes de buscar un producto, podemos seguir unos pasos muy sencillos:
1. Observa
¿Qué hace exactamente?
No pensemos “se porta mal”. Hay que describir la conducta. ¿Qué hace? ¿Dónde? ¿Cuándo? ¿Con quién?
2. Busca el contexto
¿Qué ocurre justo antes? ¿Qué sucede después? ¿Hay algún patrón?
3. Piensa en los cambios
¿Ha cambiado algo en casa? ¿Una persona? ¿Otro animal? ¿Muebles? ¿Horarios? ¿Olores? ¿Rutinas?
4. Descarta problemas físicos
Especialmente cuando aparece un cambio repentino de comportamiento.
El comportamiento también puede ser una señal de enfermedad o dolor.
5. Adapta el entorno
Más opciones. Más refugios. Recursos mejor distribuidos. Rascadores colocados estratégicamente. Menos estímulos cuando sea necesario. Más control sobre su espacio.
6. Utiliza productos como apoyo
Aquí es donde entran los productos: Antiestrés · Antimicciones · Antiarrañazos · Atrayentes · Jardines y plantas
Pero siempre como herramientas dentro de una estrategia, no como soluciones mágicas.
Un spray no sustituye entender por qué marca.
Un producto antiarañazos no sustituye ofrecer un lugar adecuado donde rascar.
Un producto antiestrés no sustituye revisar qué está provocando el estrés.
No todo comportamiento necesita ser corregido
Esta es quizá la parte más importante.
Hay comportamientos que nos resultan incómodos porque no encajan con nuestra forma humana de entender la convivencia. Rascar. Esconderse. Subirse a lugares altos. Marcar. Vocalizar. Observar desde una ventana. Salir corriendo cuando llega alguien. No querer que lo cojan… Pero que algo nos resulte incómodo no significa que sea un problema para el gato.
A veces tenemos que buscar una forma de convivir con una conducta natural. Y otras veces sí necesitamos intervenir porque existe un riesgo, un conflicto o un cambio que indica que algo no va bien.
La diferencia está en entender primero qué hay detrás.
Porque su comportamiento nos está contando algo
Nuestro gato no puede explicarnos con palabras que una bandeja no le gusta. No puede decirnos que el otro gato le bloquea el paso. No puede contarnos que un ruido le asusta. No puede explicarnos que algo le duele.
Pero puede mostrárnoslo a través de su comportamiento.
Por eso, cuando nuestro gato hace algo que no entendemos, quizá la pregunta no debería ser: “¿Cómo consigo que deje de hacerlo?”
Sino: “¿Qué intenta decirme?”
Y cuando empezamos a hacernos esa pregunta, muchas conductas dejan de parecer problemas inexplicables y empiezan a convertirse en información que podemos utilizar para ayudarle. Porque entender antes de corregir no significa dejar que todo ocurra. Significa buscar la causa antes que el castigo, la solución antes que la reprimenda y el bienestar antes que la comodidad inmediata.
No es un problema. Es una señal. Y aprender a verlas, es una de las mejores formas de cuidar a nuestro gato.