Cuando elegimos la alimentación de nuestro perro, es fácil quedarnos con lo que vemos en el envase: un porcentaje de proteína, una lista de ingredientes, una palabra que nos parece importante…
Pero una alimentación de calidad empieza mucho antes de que el alimento llegue a su cuenco. Empieza por saber quién lo fabrica, qué materias primas utiliza, cómo las procesa y qué controles existen para comprobar qué contiene realmente el producto final.
Porque alimentar bien no consiste únicamente en que una etiqueta diga que un alimento es completo. Consiste en conocer qué hay detrás de esa etiqueta.
1. La calidad empieza en la materia prima
No todas las fuentes de proteína son iguales.
Cuando encontramos una palabra como «pollo», «pescado» o «carne» en un envase, eso por sí solo no nos cuenta toda la historia sobre la materia prima utilizada ni sobre el valor nutricional que tendrá finalmente el alimento.
Además, la cantidad de un ingrediente que aparece en una etiqueta no nos permite conocer por sí sola cuánto aporta realmente de cada nutriente ni cuál será su aprovechamiento por el organismo.
La calidad nutricional depende de muchos factores: el tipo de materia prima, su composición, su digestibilidad, el procesamiento y la formulación final.
Por eso, no deberíamos quedarnos solamente con un porcentaje. Deberíamos preguntarnos qué hay detrás de él.
2. La trazabilidad es mucho más que saber de dónde viene
Aquí aparece una palabra que para nosotros es fundamental: trazabilidad.
Y no hablamos únicamente de poder decir de qué país procede una materia prima.
Una trazabilidad real permite seguir los materiales utilizados a través de las distintas etapas de producción, procesamiento y distribución. En la industria de la alimentación para animales, la trazabilidad puede seguirse desde el producto terminado hasta sus materias primas y en sentido contrario, desde cada materia prima hasta el producto en el que ha sido utilizada.
Eso significa que un fabricante debería poder conocer y controlar qué entra en su fábrica, qué ocurre durante el proceso y qué producto sale de ella. Y cuanto mayor sea el control sobre ese recorrido, mayor será nuestra capacidad para conocer realmente aquello que estamos ofreciendo a nuestro perro.
No queremos saber solamente qué dice una bolsa. Queremos saber qué hay detrás de ella.
3. Del ingrediente a la croqueta
Una materia prima puede cambiar durante su procesamiento. El calor, por ejemplo, puede modificar la digestibilidad de determinadas proteínas y otros componentes, y el efecto depende de cómo se procese el alimento.
Por eso también importa conocer cómo se fabrica.
¿Qué proceso de cocinado se utiliza?
¿Qué controles se realizan durante la fabricación?
¿Se controla la homogeneidad?
¿Se analiza el producto terminado?
¿Existe un sistema que permita comprobar que la formulación que se diseñó es realmente la que llega al producto final?
Son preguntas que van mucho más allá de leer una etiqueta. Porque nuestro perro no se come una lista de ingredientes.
Se come el producto final.
4. La proteína no es solamente un porcentaje
Cuando hablamos de proteína, muchas veces nos fijamos únicamente en el número que aparece en el análisis. Pero la proteína es mucho más que ese porcentaje.
Los perros necesitan determinados aminoácidos esenciales que deben obtener de la alimentación. Entre ellos están la arginina, histidina, isoleucina, leucina, lisina, metionina, fenilalanina, treonina, triptófano y valina.
Por eso, dos alimentos con un porcentaje de proteína similar no tienen necesariamente que aportar exactamente lo mismo. Importan la composición de las proteínas, su digestibilidad y el equilibrio global de nutrientes.
Y tampoco debemos olvidar que una alimentación adecuada necesita mucho más que proteínas: también requiere un aporte equilibrado de grasas, vitaminas, minerales, energía y otros nutrientes esenciales.
La pregunta no debería ser solamente «¿cuánta proteína tiene?», sino «¿qué proteína es y qué aporta?»
5. La calidad se construye durante toda la vida
Aquí aparece algo que creemos fundamental. No alimentamos a nuestro perro solamente para que esté bien hoy. Lo alimentamos durante cientos y cientos de días. Miles de comidas.
Miles de veces en las que su organismo recibe energía y nutrientes que utilizará para mantener tejidos, producir nuevas células, reparar estructuras y desarrollar todas las funciones necesarias para vivir.
Por eso, la alimentación forma parte de la salud a largo plazo.
Una nutrición inadecuada puede producir déficits o excesos de nutrientes, y mantener una condición corporal saludable es también una parte fundamental de la salud nutricional. La obesidad, por ejemplo, está asociada con inflamación crónica, problemas de salud y una menor esperanza de vida.
No podemos decir que un alimento concreto vaya a hacer que nuestro perro viva determinado número de años más. Pero sí podemos afirmar algo mucho más sensato:
Cada decisión nutricional que repetimos durante años influye en su salud, y la salud influye en su longevidad.
6. ¿Significa esto que solo existe una forma correcta de alimentar?
No. Y aquí es donde entra nuestro concepto de alimentación integral.
No creo que exista un único formato alimentario perfecto para todos los perros. Alimento seco, alimento húmedo, diferentes texturas, alimentos frescos o incluso una alimentación casera correctamente formulada pueden formar parte de diferentes planteamientos.
Lo importante es entender qué aporta cada uno y asegurarnos de que el conjunto cubre las necesidades nutricionales del perro.
Porque variedad no significa automáticamente calidad. Y mezclar alimentos sin conocer qué aporta cada uno tampoco convierte una alimentación en mejor.
La clave está en saber combinar cuando esa combinación tiene sentido.
7. ¿Y si solo come alimento seco?
Si actualmente la alimentación de tu perro se basa en un alimento seco, no significa que estés haciendo algo mal. Lo importante es conocer la calidad del producto, su formulación, cómo se fabrica y si responde a las necesidades concretas de tu perro.
A partir de ahí, podemos valorar si tiene sentido incorporar otros formatos.
Por ejemplo, un alimento húmedo adecuado puede formar parte de la rutina de determinados perros. Pero no se trata de añadirlo simplemente porque «más variedad es mejor».
Se trata de saber qué estamos añadiendo y qué lugar ocupa dentro de la alimentación total.
8. ¿Y si come húmedo, BARF o alimentación casera?
La misma filosofía se aplica al resto de opciones.
Una alimentación húmeda puede ser perfectamente válida.
Una alimentación casera también puede plantearse, pero requiere especial atención a su formulación. Las dietas caseras son difíciles de equilibrar correctamente y, cuando constituyen la alimentación principal, deberían estar formuladas para cubrir las necesidades concretas del perro por un profesional cualificado en nutrición veterinaria.
Con las dietas basadas en alimentos crudos ocurre algo parecido: que una alimentación sea natural o esté basada en carne no garantiza por sí misma que sea nutricionalmente completa y equilibrada. Además, existen cuestiones específicas de seguridad que deben valorarse.
Por eso, no queremos entrar en una guerra de formatos.
No se trata de decidir si seco, húmedo, casero o crudo es «el mejor».
Se trata de entender qué necesita cada perro y qué puede aportar cada opción.
9. La alimentación también tiene una dimensión social
Y aquí hay algo que a veces olvidamos. Para un perro, comer no es únicamente recibir nutrientes.
Los momentos de alimentación forman parte de sus rutinas y de su vida con nosotros:
El momento en el que preparamos su comida.
El lugar donde come.
La rutina que hemos creado.
El contacto que tenemos con él.
Los pequeños momentos que compartimos alrededor de la alimentación.
Todo eso forma parte de su experiencia cotidiana.
Por eso podemos utilizar la alimentación también como una oportunidad para enriquecer su día, siempre sin perder de vista que la base debe seguir siendo nutricionalmente adecuada.
Un premio, una textura diferente o una toma especial pueden convertirse en un momento agradable dentro de la vida familiar. Pero debemos distinguir entre enriquecer esos momentos y añadir comida sin control. Los premios y extras también aportan calorías y, como referencia general, deberían representar menos del 10 % de la ingesta calórica diaria.
10. ¿Y podemos repartir la alimentación en varias tomas?
Sí, pero tampoco existe una única frecuencia válida para todos. La edad, el tamaño, la actividad, el estado de salud y las características individuales influyen en cómo conviene organizar su alimentación.
En muchos perros adultos, dos comidas medidas al día son una pauta habitual, mientras que los cachorros necesitan una frecuencia diferente según su etapa de crecimiento.
Por eso no queremos convertir un número de tomas en una regla universal.
Si decidimos repartir la alimentación en varios momentos, debemos distribuir la cantidad diaria total y adaptar la rutina a las necesidades del perro. Y, sobre todo, observar.
Porque conocer a nuestro perro también forma parte de alimentarlo bien.
11. Alimentar bien también es aprender a observar
Su peso.
Su condición corporal.
Su masa muscular.
Su energía.
Su digestión.
Su evolución a lo largo del tiempo.
Todos estos aspectos pueden darnos información importante. De hecho, valorar únicamente el peso no siempre es suficiente. La condición corporal y la masa muscular también ayudan a valorar el estado nutricional de un perro.
Y esto nos recuerda algo importante:
Una alimentación adecuada no se demuestra solamente sobre el papel. También se refleja en el animal que tenemos delante.
No busques solamente una buena etiqueta
Busca una empresa que pueda responder a tus preguntas.
¿De dónde proceden sus materias primas?
¿Qué controles realizan?
¿Cómo se procesan?
¿Cómo controlan el producto durante la fabricación?
¿Analizan el producto terminado?
¿Pueden demostrar la trazabilidad de sus materias primas?
¿Qué información nutricional pueden aportar más allá de lo que aparece en el envase?
No tenemos por qué convertirnos en expertos en nutrición para tomar mejores decisiones.
Pero sí podemos aprender a hacer mejores preguntas.
Porque una etiqueta puede darnos información.
La trazabilidad nos permite conocer el recorrido.
Y la transparencia del fabricante nos ayuda a entender qué hay realmente detrás del alimento.
Alimentar es cuidar a largo plazo
Al final, todo vuelve a lo mismo.
No buscamos el alimento más caro. Ni el que tiene la etiqueta más bonita. Ni el que promete más.
Buscamos calidad, transparencia y una alimentación adecuada para el perro que tenemos delante.
Porque no todos necesitan lo mismo. Y porque alimentarles bien no consiste únicamente en conseguir que se terminen el cuenco.
Consiste en proporcionarles, comida tras comida, aquello que necesitan para vivir, crecer, mantenerse y envejecer de la mejor manera posible.
Y también en convertir algunos de esos momentos en parte de la vida que compartimos con ellos.
Porque alimentar es una necesidad. Pero cuidar cómo les alimentamos es una decisión.
Y cuando esa decisión se repite durante años, puede convertirse en una de las formas más importantes de cuidarles.
¿Y ahora qué necesita tu perro?
Cada perro es diferente, y elegir una alimentación adecuada no debería depender solamente de lo que pone en una etiqueta o de lo que funciona para otro perro.
Su edad, tamaño, actividad, condición corporal, necesidades y la alimentación que recibe actualmente son factores que debemos tener en cuenta antes de hacer cambios.
Si tienes dudas sobre cómo mejorar su alimentación o cómo combinar diferentes opciones, puedo ayudarte en Atención personal a valorar su caso y orientarte para encontrar una forma de alimentarlo que tenga sentido para él y para vuestra vida juntos.
Porque no se trata de decirte qué debes comprar. Se trata de ayudarte a entender qué necesita tu perro para que puedas decidir mejor.
Descubre nuestras opciones para cuidar la alimentación de tu perro.