Entender qué hay detrás de una conducta es el primer paso. El siguiente es saber qué podemos hacer para ayudar a nuestro gato.
No existe una solución universal. Una misma conducta puede tener causas completamente diferentes y, por eso, antes de elegir un producto o intentar modificarla, debemos mirar el contexto.
A continuación vamos a ver algunas de las situaciones más habituales, qué puede haber detrás de ellas y qué podemos hacer en cada caso.
1. Hace pis fuera de la bandeja
Que un gato haga pis fuera de su bandeja puede tener muchas causas. Y antes de pensar que es un problema de comportamiento, hay que descartar una causa médica, especialmente si la conducta aparece de repente.
Posibles causas
Problemas urinarios o dolor
Cistitis, cálculos, infección, inflamación u otros problemas pueden hacer que orinar resulte doloroso o urgente. Si hay cambios repentinos en la forma de orinar, debemos consultar con el veterinario.
Estrés o inseguridad
Cambios en casa, nuevos animales, obras, ruidos, conflictos territoriales o modificaciones de sus rutinas pueden alterar sus hábitos.
Número insuficiente de bandejas
Como referencia, suele recomendarse una bandeja por gato más una adicional. Es decir, para dos gatos, tres bandejas.
Puede parecer mucho, pero permite que cada gato tenga alternativas y evita que uno pueda bloquear el acceso del otro.
Ubicación inadecuada
Una bandeja situada en una zona de mucho tránsito, junto a ruidos, cerca de la comida o en un lugar donde otro gato pueda acorralarle puede hacer que deje de utilizarla.
Arena que no le gusta
La textura, el olor, el polvo o incluso el tipo de arena pueden hacer que la rechace.
Bandeja inadecuada
Puede ser demasiado pequeña, incómoda, difícil de acceder o no ofrecerle suficiente intimidad.
Falta de limpieza
Algunos gatos son especialmente sensibles a una bandeja sucia y pueden buscar otro lugar.
Marcaje
Si encontramos pequeñas cantidades de orina en determinados lugares, especialmente en superficies verticales, puede tratarse de marcaje y no de una eliminación normal.
¿Qué podemos hacer?
Primero, descartar un problema de salud.
Después, revisar bandeja, arena, ubicación, limpieza y número de recursos. Y realizar los cambios neecesarios.
Si hay varios gatos, distribuir las bandejas por diferentes zonas puede ayudar a evitar conflictos.
Y si existe estrés, debemos buscar qué lo está provocando y trabajar sobre el entorno.
¿Qué puede ayudar?
Si ha orinado fuera de la bandeja, primero debemos eliminar completamente el olor con un limpiador enzimático, ya que los restos de orina que nosotros apenas percibimos pueden seguir siendo detectables para el gato. Una vez limpia la zona, podemos utilizar productos antimicciones o repelentes específicos para desanimarle a volver a utilizar ese lugar.
Los productos antimicciones pueden utilizarse como apoyo para proteger determinadas zonas, pero no deberían utilizarse para ocultar el problema.
Primero encontramos la causa. Después buscamos la herramienta que pueda ayudarnos.
2. Marca con orina
El marcaje es diferente de hacer pis fuera de la bandeja. Suele consistir en pequeñas cantidades de orina depositadas en lugares determinados, a menudo sobre superficies verticales, y forma parte de la comunicación territorial del gato.
Posibles causas
Hormonas sexuales
Especialmente en gatos que todavía no han sido castrados.
Presencia de otros gatos
Incluso un gato que aparece habitualmente por una ventana puede convertirse en un desencadenante.
Cambios en el territorio
Mudanzas, muebles nuevos, obras, nuevas personas o animales.
Estrés o inseguridad
El marcaje puede aumentar cuando el gato siente que su territorio ha dejado de ser seguro.
Conflictos entre gatos
No siempre vemos una pelea. A veces basta con que uno de ellos bloquee determinados recursos o zonas.
¿Qué podemos hacer?
Castración: mejor prevenir que corregir
Si nuestro gato no va a utilizarse para reproducción, la castración es una de las medidas más importantes para reducir el marcaje relacionado con las hormonas sexuales.
Lo ideal es hablar con el veterinario para realizarla antes de que la conducta se establezca.
Una vez que un gato lleva tiempo marcando, la castración puede reducir considerablemente la conducta, pero no siempre consigue eliminarla por completo. Si el hábito ya está establecido o existen desencadenantes territoriales, habrá que trabajar también sobre ellos.
Después debemos identificar qué está provocando la necesidad de marcar y mejorar la seguridad del territorio.
¿Qué puede ayudar?
Los productos anti-estrés, especialmente las feromonas, pueden utilizarse como apoyo en determinados casos.
Cuando existe marcaje, primero debemos limpiar muy bien la zona con un limpiador enzimático para eliminar las señales de orina. Después podemos utilizar feromonas en spray sobre la zona, ya que ayudan a recrear señales olfativas de familiaridad y pueden reducir la necesidad del gato de volver a marcar ese lugar. Es una forma de ofrecerle una señal alternativa que puede hacer que el espacio le resulte ya “marcado” y, por tanto, disminuir la repetición de la conducta.
Para situaciones relacionadas con el estrés, como mudanzas, cambios en casa, llegada de otro animal o modificaciones del entorno, los difusores de feromonas pueden utilizarse de forma continuada en la estancia donde el gato pasa más tiempo, como apoyo para favorecer una sensación de familiaridad y seguridad.
Pero los producto no sustituyen la solución del problema. Las feromonas ayudan, pero si el gato está marcando porque hay un conflicto territorial o una fuente de estrés, también tenemos que actuar sobre esa causa.
3. Araña muebles, puertas o sofás
Aquí tenemos que empezar por algo fundamental: Rascar es una conducta natural.
No queremos conseguir que el gato deje de rascar. Queremos conseguir que tenga lugares adecuados donde hacerlo.
Posibles causas
Necesidad natural de rascado y marcaje
El rascado también deja señales visuales y olfativas.
Rascador inadecuado
Puede ser demasiado pequeño, poco resistente o tener una textura que no le guste.
Falta de estabilidad
Si el rascador se mueve o puede volcar, el gato puede dejar de utilizarlo.
Ubicación incorrecta
Puede estar demasiado lejos de las zonas que frecuenta.
Preferencias individuales
Algunos gatos prefieren rascar en vertical, otros en horizontal y otros tienen preferencias concretas por determinadas superficies.
Estrés o inseguridad
El rascado puede aumentar en situaciones de tensión territorial.
¿Qué podemos hacer?
Elegir un rascador de calidad, estable y adecuado al tamaño del gato.
Debe permitirle estirarse correctamente y ejercer fuerza sin que se mueva.
Y después hay que colocarlo donde tenga sentido para él:
- Cerca de zonas de descanso.
- En zonas de paso.
- Cerca de una ventana.
- Junto al lugar donde ya está rascando.
Si tenemos un gato que insiste en el sofá, ese sofá nos está dando información: probablemente el lugar tiene alguna característica que le resulta especialmente atractiva.
¿Qué puede ayudar?
Si ya sabemos dónde suele rascar, lo primero es ofrecerle una alternativa adecuada: un rascador estable, resistente y adaptado a sus preferencias. Como apoyo, podemos utilizar sprays antiarañazos en aquellas zonas que no podemos proteger fácilmente y, cuando sea posible, colocar protectores físicos sobre la superficie para evitar que las uñas la dañen si continúa utilizándola.
La idea no es impedir que rasque, sino proteger la superficie mientras le ofrecemos un lugar mejor donde hacerlo. Los productos antiarañazos pueden ayudarnos a proteger determinadas superficies mientras redirigimos el comportamiento.
Los atrayentes también pueden favorecer que se interese por un nuevo rascador.
Pero ningún producto sustituye a un rascador que realmente cubra sus necesidades.
No luchamos contra una conducta natural; la redirigimos y protegemos nuestra casa mientras tanto.
Si el rascado tiene además un componente de estrés o inseguridad territorial, las feromonas pueden utilizarse como apoyo para ayudar a reducir esa tensión y favorecer una mayor sensación de seguridad.
4. Se esconde demasiado
Esconderse no es necesariamente un problema. De hecho, tener un lugar donde refugiarse es una necesidad importante para muchos gatos. Lo preocupante es cuando aumenta de repente o aparece acompañado de otros cambios.
Posibles causas
- Miedo.
- Estrés.
- Ruidos o exceso de actividad.
- Cambios en casa.
- Presencia de personas desconocidas.
- Conflictos con otros animales.
- Falta de refugios adecuados.
- Dolor o enfermedad.
¿Qué podemos hacer?
Lo primero es permitirle tener escondites seguros donde pueda retirarse sin que nadie le moleste.
También podemos ofrecer:
- Cuevas.
- Camas cubiertas.
- Espacios elevados.
- Zonas tranquilas.
- Refugios distribuidos por la casa.
No debemos sacarlo de su escondite para obligarlo a interactuar.
Y si el cambio es repentino o muy marcado, debemos consultar con el veterinario para descartar cualquier problema de salud.
¿Qué puede ayudar?
En este caso, el entorno es la principal herramienta. Podemos ofrecerle diferentes lugares donde refugiarse, como camas tipo cueva, cajas, escondites cubiertos o zonas elevadas desde las que pueda observar sin sentirse expuesto.
También podemos distribuir estos refugios por diferentes zonas de la casa, especialmente en lugares tranquilos y alejados del paso. Cuantas más opciones tenga para elegir dónde retirarse, mayor será su capacidad para controlar los estímulos que recibe.
Si el escondite aparece como respuesta a una situación de estrés, podemos complementar estos cambios con productos antiestrés, como feromonas, siempre identificando y tratando también aquello que está provocando su inseguridad.
Y algo muy importante: su refugio debe ser realmente suyo. No deberíamos sacarlo continuamente de él ni utilizarlo como lugar para manipularlo, porque entonces puede dejar de percibirlo como un espacio seguro.
Aquí el entorno es más importante que el producto.
5. Está más nervioso o estresado
El estrés no siempre tiene una causa evidente para nosotros. Lo que para nosotros es un pequeño cambio puede ser enorme para un gato.
Posibles causas
- Mudanzas.
- Obras o ruidos.
- Cambios de rutina.
- Llegada de otro animal.
- Nuevas personas.
- Conflictos territoriales.
- Falta de escondites.
- Recursos insuficientes.
- Falta de control sobre su entorno.
¿Qué podemos hacer?
Primero debemos identificar qué está provocando el estrés.
Después podemos:
- Mantener rutinas previsibles.
- Crear zonas seguras.
- Distribuir mejor los recursos.
- Ofrecer lugares elevados.
- Evitar cambios innecesarios.
- Permitirle retirarse.
- Reducir estímulos cuando sea necesario.
¿Qué puede ayudar?
Lo primero es identificar qué está provocando el estrés y modificar, en la medida de lo posible, aquello que lo está generando. Mantener rutinas previsibles, ofrecer lugares seguros donde pueda retirarse, distribuir adecuadamente sus recursos y darle la posibilidad de elegir dónde estar puede ayudarle a recuperar sensación de control.
Como apoyo, podemos utilizar productos antiestrés, como los difusores de feromonas, especialmente en situaciones como mudanzas, cambios en casa, llegada de otro animal o modificaciones importantes de su entorno. Las feromonas no solucionan por sí solas la causa del estrés, pero pueden ayudar a que el ambiente resulte más familiar y seguro.
Cuanto más control tenga sobre su entorno, menos tendrá que preocuparse por él.
6. Reacciona con miedo o agresividad
Un gato que bufa, gruñe, araña o muerde no necesariamente es “agresivo”. Muchas veces está intentando aumentar la distancia con aquello que percibe como una amenaza.
Antes de buscar una solución, hay una pregunta importante:
¿Es algo que ha ocurrido siempre o ha aparecido de repente?
Porque el camino puede ser muy diferente.
Si es una conducta nueva
Cuando un gato que normalmente era tranquilo empieza de repente a esconderse, bufar, gruñir, intentar escapar, arañar o morder, lo primero es descartar una causa física.
Posibles causas
- Dolor o enfermedad.
- Estrés.
- Una experiencia negativa reciente.
- Cambios en casa.
- Conflictos territoriales.
- Presencia de otro animal.
- Sobreestimulación.
- Alguna situación que haya percibido como una amenaza.
¿Qué podemos hacer?
Primero debemos intentar descubrir qué ha cambiado y qué desencadena la reacción. Si existe sospecha de dolor o enfermedad, la valoración veterinaria debe ser el primer paso.
Después podemos reducir los estímulos que provocan la respuesta, ofrecerle lugares donde retirarse y evitar forzar el contacto.
No debemos castigar una reacción de miedo o defensa, porque podemos aumentar todavía más su inseguridad.
Si ha sido así desde siempre
Aquí el enfoque es diferente.
Puede tratarse de un gato que ha tenido poca socialización durante sus primeras etapas de vida, que ha tenido experiencias negativas, que tiene un temperamento especialmente sensible o que simplemente necesita más distancia y más tiempo para sentirse seguro.
En estos casos, no buscamos que deje de tener miedo de golpe, sino aumentar progresivamente su sensación de seguridad.
¿Qué podemos hacer?
- Respetar su distancia.
- No obligarle a interactuar.
- Proporcionarle refugios seguros.
- Permitirle observar sin sentirse amenazado.
- Trabajar las situaciones que le producen miedo de forma progresiva.
- Asociar esas situaciones con experiencias positivas.
- Mantener rutinas previsibles.
Y si las reacciones son intensas, frecuentes o dificultan mucho la convivencia, un profesional especializado en comportamiento felino puede ayudarnos a establecer un plan de trabajo individualizado.
¿Qué puede ayudar en ambas situaciones?
En ambos casos, si existe un componente de estrés, los productos antiestrés, como las feromonas, pueden utilizarse como apoyo.
Las feromonas pueden ayudar a reducir el estrés, pero no convierten por sí solas a un gato miedoso en un gato seguro.
7. Maúlla mucho, especialmente por la noche
Los maullidos son una forma de comunicación. El problema aparece cuando aumentan mucho, cambian respecto a lo habitual o interfieren con el descanso, especialmente durante la noche.
Los gatos suelen tener picos naturales de actividad alrededor del amanecer y el anochecer, relacionados con sus patrones de caza. En un gato que pasa gran parte del día durmiendo, esa actividad puede trasladarse a las horas en las que nosotros estamos intentando dormir.
Posibles causas
– Mayor actividad al anochecer y al amanecer
Su ritmo natural puede hacer que tenga ganas de explorar, jugar o interactuar precisamente cuando la casa está tranquila.
– Demasiado sueño durante el día
Si pasa muchas horas durmiendo y tiene poca actividad o estimulación, puede llegar a la noche con mucha energía acumulada.
– Falta de juego y estimulación
Un gato necesita oportunidades para perseguir, explorar, manipular objetos y desarrollar conductas relacionadas con la caza.
– Hambre o búsqueda de comida
Si tiene una rutina de alimentación que no se adapta bien a sus necesidades, puede despertarnos para pedir comida.
– Búsqueda de atención
Si aprende que maullar durante la noche consigue que nos levantemos, juguemos, le demos comida o interactuemos con él, puede repetir la conducta.
– Estrés o cambios
Una mudanza, otro animal, cambios de rutina o cualquier situación que le genere inseguridad puede aumentar las vocalizaciones.
– Dolor o enfermedad
Especialmente si es un comportamiento nuevo. En gatos adultos o mayores, un aumento de las vocalizaciones también merece una valoración veterinaria.
– Conducta sexual
En gatos no esterilizados, el celo y la búsqueda de pareja pueden provocar vocalizaciones muy intensas.
¿Qué podemos hacer?
Lo primero es intentar averiguar por qué maúlla, en lugar de asumir que simplemente quiere llamar nuestra atención.
Si el problema aparece principalmente por la noche, podemos ayudarle a llegar a ese momento con sus necesidades de actividad cubiertas:
- Proporcionarle juego interactivo durante el día.
- Incorporar sesiones de juego especialmente por la tarde/noche.
- Ofrecerle oportunidades de exploración y estimulación.
- Mantener una rutina relativamente predecible.
- Asegurarnos de que tiene acceso a agua, comida, bandeja y zonas de descanso durante la noche.
Y hay una cosa importante: No debemos convertir el maullido nocturno en un premio. Si cada vez que maúlla nos levantamos, le damos comida o comenzamos a jugar, puede aprender rápidamente que maullar funciona.
Pero tampoco se trata simplemente de ignorarlo. Si el maullido es nuevo, excesivo o diferente de lo habitual, primero debemos averiguar qué lo está provocando.
¿Qué puede ayudar?
Si la causa está relacionada con la falta de actividad o estimulación, el enriquecimiento ambiental puede ayudar a que el gato tenga más oportunidades de jugar, explorar y desarrollar sus conductas naturales. Puedes encontrar más ideas sobre cómo enriquecer su entorno en el post El enriquecimiento ambiental del gato.
Si necesita más actividad y estimulación, podemos trabajar el enriquecimiento ambiental y ofrecerle más oportunidades de juego y exploración. Te cuento cómo hacerlo en el post El juego como necesidad.
8. Hay conflictos entre gatos
No todos los gatos tienen que ser amigos. Algunos simplemente necesitan espacio suficiente para convivir sin competir. Algunos se buscan, duermen juntos y juegan; otros simplemente prefieren mantener cierta distancia.
El problema aparece cuando existe tensión constante, persecuciones, bloqueo de recursos, bufidos frecuentes, peleas o uno de los gatos empieza a evitar determinadas zonas de la casa.
Posibles causas
- Competencia por recursos: comida, agua, bandejas, zonas de descanso o lugares elevados.
- Recursos insuficientes o demasiado juntos.
- Falta de vías de escape: un gato puede sentirse atrapado si otro bloquea una puerta, un pasillo o el acceso a un recurso.
- Conflictos territoriales.
- Llegada de un nuevo gato.
- Una introducción demasiado rápida o una mala experiencia previa.
- Estrés o inseguridad.
- Cambios en el olor de uno de los gatos, por ejemplo después de una visita al veterinario.
¿Qué podemos hacer?
Lo primero es reducir la necesidad de competir.
En lugar de obligarlos a compartir, podemos distribuir los recursos por diferentes zonas de la casa:
- Varias bandejas: se aconseja 1 por gato + 1 . (2 gatos= 3 bandejas)
- Diferentes puntos de comida y agua (en diferentes alturas)
- Varias zonas de descanso.
- Escondites.
- Espacios elevados.
- Diferentes rutas para desplazarse.
Y algo muy importante: que un gato pueda alejarse del otro sin quedarse atrapado. Las zonas elevadas, los refugios y las distintas vías de paso pueden ayudar muchísimo.
Si existe tensión, tampoco deberíamos forzar el contacto pensando que “tienen que acostumbrarse”. Si se ha introducido a alguno hace poco, en algunos casos será necesario separarlos temporalmente y realizar una reintroducción progresiva de forma adecuada.
Ver post «Cómo introducir un nuevo animal en casa y construir una buena convivencia»
El objetivo no es obligarlos a compartir. Es conseguir que no tengan que competir constantemente.
El objetivo no es conseguir que dos gatos sean amigos. Es conseguir que puedan sentirse seguros compartiendo el mismo territorio.
¿Qué puede ayudar?
Si existe un componente de estrés, los productos antiestrés, como las feromonas, pueden utilizarse como apoyo.
Pero si existe una competencia real por los recursos, ningún producto sustituye a poner más recursos y distribuirlos correctamente.
9. Ha cambiado su comportamiento de repente
Este merece estar casi al final porque es una regla que nos sirve para todos los casos.
Cuando un gato cambia de comportamiento de forma repentina, no deberíamos pensar automáticamente que se ha vuelto más raro, más arisco o que está desarrollando un problema de conducta.
Un cambio de comportamiento puede ser una de las primeras señales de que algo no va bien.
Posibles causas
– Problemas de salud o dolor
Es una de las primeras cosas que debemos descartar. Un gato puede esconderse más, mostrarse irritable, maullar diferente, dejar de jugar, cambiar sus hábitos de eliminación o buscar menos contacto cuando no se encuentra bien.
– Estrés
Una mudanza, obras, cambios en casa, otro animal, nuevas personas o modificaciones en sus rutinas pueden provocar cambios importantes.
– Conflictos territoriales
La aparición de otro gato, incluso uno que pueda ver desde una ventana, puede alterar su comportamiento.
– Cambios en sus necesidades o rutinas
Cambios en alimentación, horarios, acceso a recursos o en la propia organización del hogar también pueden influir.
– Edad
En gatos mayores pueden aparecer cambios relacionados con el envejecimiento y determinadas enfermedades, por lo que cualquier modificación importante merece atención.
¿Qué podemos hacer?
Si el cambio ha aparecido de forma repentina y no encontramos una explicación evidente, el primer paso debe ser consultar con el veterinario.
Una vez descartada una causa médica, podemos observar qué ha cambiado en su entorno y revisar sus recursos, rutinas, convivencia y nivel de estrés.
Y algo importante: no intentemos corregir una conducta que todavía no sabemos por qué ha aparecido.
Si antes utilizaba perfectamente su bandeja y ahora no; si era sociable y de repente se esconde; si jugaba y deja de hacerlo; si empieza a maullar por la noche… el cambio en sí mismo ya es información.
10. Entonces, ¿qué producto necesita?
Esta es la parte en la que debemos tener cuidado. No elegimos primero el producto. Elegimos primero la solución.
Si necesita un rascador → buscamos un rascador adecuado.
Si necesita más bandejas → ponemos más bandejas.
Si la arena no le gusta → cambiamos la arena.
Si existe un problema médico → veterinario.
Si hay estrés → modificamos el entorno y, si procede, utilizamos productos de apoyo.
Si hay marcaje → buscamos el desencadenante, valoramos la castración cuando corresponda y trabajamos sobre el territorio.
Los productos de comportamiento pueden ser una herramienta más, pero nunca deberían sustituir la observación y el conocimiento de las necesidades del gato.
Entender es el principio. Ayudar es el siguiente paso.
Cuando nuestro gato hace algo que nos preocupa, es fácil querer que simplemente deje de hacerlo. Pero una solución duradera suele empezar mucho antes.
Empieza cuando nos preguntamos: ¿Qué necesita?
– Quizá necesita una bandeja diferente.
– Quizá más espacio.
– Quizá un rascador estable.
– Quizá un lugar donde esconderse.
– Quizá menos estímulos.
– Quizá un territorio más seguro.
– Quizá nuestra paciencia.
– Y algunas veces, sencillamente, necesita que un veterinario descubra qué le está pasando.
Porque ayudarle no significa conseguir que se comporte como nosotros queremos. Significa darle las condiciones que necesita para poder estar bien. Y cuando entendemos la causa, es mucho más fácil encontrar la solución adecuada.
¿Tu gato ha cambiado de comportamiento?
Cuando un gato empieza a hacer algo diferente, lo importante no es intentar que vuelva a comportarse como antes cuanto antes. Primero debemos preguntarnos qué ha cambiado para que él necesite comportarse de otra manera.
El comportamiento puede estar relacionado con su entorno, sus rutinas, el estrés, la convivencia o incluso con un problema de salud.
Si no sabemos qué hay detrás, puedo ayudarte a analizar la situación y orientarte sobre los siguientes pasos. Entra en Atención personal.
No se trata de corregirlo. Se trata de entender qué necesita.
Descubre los productos que pueden formar parte de lo que necesita para ser ayudado.